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FIFA: no sólo corrupción, también injusticias

FIFA: no sólo corrupción, también injusticias

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, junio de 2015)

Creo que en lo único en que hemos coincidido siempre los amantes del fútbol es en la necesidad imperiosa de evitar el juego sucio o excesivamente fuerte, y al propio tiempo poner freno a las indisciplinas que comenten los jugadores de este apasionante deporte, que en su conjunto no sólo dañan al espectáculo, sino también que, en ocasiones, llegan a poner en peligro la integridad física de los deportistas.

No pertenezco al grupo de los que intentan justificar siempre los excesos de los deportistas, sobre todo de las estrellas, y acostumbran a hacer recaer en los hombros de los árbitros los resultados negativos de cualquier partido. Tampoco pretendo “hacer leña del árbol caído” ni que “llueva sobre lo mojado” al referirme a los escándalos por corrupción que sacuden a la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), ni es necesario hacerlo porque han sido y continuarán siendo ampliamente divulgados por los medios de difusión masiva de todo el mundo.

Pero el tema que quiero comentar está indudablemente vinculado a esa lamentable situación por la que atraviesa la organización que dirige los destinos del más universal de los deportes.

Se trata de la actuación controvertida de algunos árbitros y comisiones disciplinarias que en unos casos han adoptado medidas alarmantemente excesivas y en otros no, y que, llamativamente, han involucrado a algunas de las grandes estrellas del cosmopolita pasatiempo y provocado el rechazo de buena parte de los especialistas y de la multimillonaria afición a esta manifestación deportiva.

La Copa Mundial Brasil-2014 fue un enfático ejemplo de esa inaceptable paradoja a la hora de aplicar justicia.

Todos recordamos la sanción por todo un año fuera de su selección nacional al estelar delantero uruguayo Luis Suárez, por morder en un partido a un defensa italiano, hecho que por supuesto debió ser penalizado, pero no de una forma tan excesivamente drástica y que no sólo perjudicó al jugador, sino también al fútbol de su país.

Si usted analiza los hechos, aquella famosa y muy divulgada mordida de Suárez fue una “cariñosa caricia” si la comparamos con el brutal rodillazo que el defensa colombiano Camilo Zúñiga le propinó en plena columna vertebral a Neymar, que le provocó fractura en una vértebra y pudo incluso haber imposibilitado de por vida al afamado y muy joven delantero brasileño, una estrella de talla mundial.

Asombrosamente, ese inusual acto de violencia que a todas luces SÍ MERECÍA una muy enérgica medida disciplinaria, incluso muy superior a la aplicada a Suárez, NO FUE PENALIZADO ni siquiera con una tarjeta amarilla por el árbitro del partido, ni tampoco por la comisión disciplinaria.

Más recientemente, en la actual Copa América, el propio Neymar fue nuevamente víctima, esta vez de una sanción desmedida, pues luego de su expulsión del juego contra el propio equipo de Colombia, fue sancionado por todo el resto del torneo por ofender de palabras a un árbitro, cuando hubiera bastado con privarlo de participar en otro partido y no despojar a Brasil de su principal figura y al evento de una de sus superestrellas.

Con el estelar delantero Edinson Cavani sucedió otra muy repudiable anomalía, cuando fue expulsado por responder a la provocación del chileno Jara, quien tocó en forma grosera los glúteos del uruguayo en un acto absolutamente ofensivo e incluso de lesa humanidad, si tomamos en consideración la dolorosa situación familiar que atravesaba Cavani por el lamentable accidente automovilístico en que se vio envuelto su padre un día antes.

Por la forma en que se ejecutó esta acción, es posible que el árbitro no pudiera apreciarla, pero los integrantes de la comisión disciplinaria se deben haber aburrido de verla repetida por la televisión.

Afortunadamente, el argentino Lionel Messi, el más grande futbolista del mundo en nuestro siglo, añade a su innegable calidad futbolística una personalidad sencilla y humilde, que le permite incluso recibir muchos golpes durante los juegos sin siquiera protestar.

De no ser así, y de seguir las cosas como van, quizás en un futuro no lejano los amantes del fútbol podríamos ver una Copa América o cualquier otro torneo en el que no estuvieran presentes, víctimas de lesiones brutales o de sanciones excesivas, algunas de las principales estrellas del más universal de los deportes.

La Araña Negra, el mejor portero de la historia

La Araña Negra, el mejor portero de la historia

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, marzo 20 de 2015)

   Las reiteradas transmisiones televisivas del fútbol internacional en los últimos años han posibilitado que los amantes del más universal de los deportes hayamos podido disfrutar decenas de veces las formidables atrapadas del alemán Neuer, el italiano Buffon, el belga Courtois, el español Casillas o el chileno Bravo, por sólo mencionar a los considerados los porteros más brillantes de las últimas temporadas.

   Lamentablemente, en los largos años en que jugó el portero ruso Lev Ivánovich Yashin (1949-1971), la TV no estaba tan desarrollada ni difundía con tanta frecuencia los partidos futbolísticos, con la excepción de las Copas Mundiales, aunque por supuesto existen imágenes de archivo de su accionar fabuloso que pudieran ponerse a menudo para conocimiento de las actuales generaciones de millones de aficionados al fútbol.

   Yashin había nacido el 22 de octubre de 1929 en Moscú, en un hogar de familia obrera, y dio sus primeros pasos en el deporte como arquero de hockey sobre hielo en el equipo de la fábrica de herramientas en la que trabajaba durante la Segunda Guerra Mundial.

   Pero a los 17 años de edad fue atrapado de forma irresistible por el fútbol, cuando tuvo que sustituir al portero del equipo obrero, y ya en 1949 inicia su extraordinaria carrera futbolística al ingresar en el prestigioso club Dínamo de Moscú, con el cual jugaría durante nada menos que 22 temporadas.

   Ya a mediados de la década de los años 50 era considerado el mejor portero de la antigua Unión Soviética (URSS) y comenzó a formar parte de la selección de aquel gigantesco país multinacional para eventos internacionales.

   Fue por entonces que en el mundo futbolístico comenzó a llamársele “la Araña Negra”, debido no sólo a su vestimenta deportiva durante los partidos, siempre de ese color, sino también por su agilidad, largos brazos  y atrapadas sensacionales de la pelota.

   Con Yashin en el arco, la URSS conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 y la Copa de Europa en 1960. Participó, además, en tres Copas del Mundo: en 1958 en Suecia, 1962 en Chile y 1966 en Alemania, donde consiguió con su selección el cuarto lugar, tras perder frente a Portugal en el partido por el tercer puesto.

   Durante su carrera fue reconocido en once ocasiones como el mejor guardameta de la URSS. Resultó pentacampeón de la liga soviética y tricampeón de la Copa Soviética, y acumuló un total de 326 partidos jugados con el Dínamo de Moscú, de los cuales 270 terminaron sin que su portería fuera batida.

   Ese largo y fructífero historial deportivo le hizo merecedor de innumerables premios y reconocimientos, entre los más significativos la Orden Olímpica del Comité Olímpico Internacional (COI), Mejor Deportista Ruso del siglo XX (1999), Mejor Portero del Siglo XX, otorgado por la FIFA en el 2000, y el Balón de Oro (1963), único portero que ha recibido tan alto reconocimiento en la historia.

   Sus biógrafos destacan de Yashin su gran capacidad para estudiar la forma de jugar de los contrarios y, en particular, de atajar los penales. Se dice que paró nada menos que 150 disparos a lo largo de su carrera.

   Lev Yashin falleció en Moscú el 20 de marzo de 1990, a la edad de 60 años, víctima de un cáncer estomacal.

   En ocasión de cumplirse hoy el aniversario 25 de su desaparición física, vale recordar la extraordinaria calidad y el historial deportivo de este fenomenal futbolista, considerado por muchos especialistas como el mejor portero del planeta en la historia del más universal de los deportes.

 


Yosvani Alarcón, un fenómeno inédito en la pelota cubana

Yosvani Alarcón, un fenómeno inédito en la pelota cubana

 

(Publicado por Hernán Bosch, en periodico26.cu, marzo de 2010)  

 Un humilde muchachón del barrio rural de San Antonio, en el sureño municipio de Jobabo, provincia de Las Tunas, acaba de protagonizar un hecho sin precedentes en la rica historia de los campeonatos cubanos de béisbol.

 Se trata de Yosvani Alarcón Tardío, quien luego de vestir el uniforme del equipo de Las Tunas durante cuatro temporadas, en su quinta serie pasó abruptamente de ser un casi desconocido pelotero a un espectacular jonronero.

Su hazaña se resume en breves palabras, pero es realmente impresionante. Baste decir que en la anterior campaña, la número 48, no conectó NINGÚN jonrón en más de 80 veces al bate y en la 49, cuya etapa clasificatoria acaba de finalizar, disparó nada menos que 26 cuadrangulares.

Ese desempeño lo ubicó en el cuarto lugar entre los máximos jonroneros de la serie, sólo superado por establecidos bateadores de clase extra como Alfredo Despaigne, Yulieski Gurriel y José Dariel Abréu, y por encima de otros connotados toleteros como su compañero de equipo Joan Carlos Pedroso y Frederich Cepeda, entre otros.

A sus resultados como jonronero, puede añadirse que bateó en la serie 13 dobles y tres triples, logró un average de 317, impulsó 74 carreras y registró un sluging superior a los 600, números que sólo consiguen en los torneos cubanos grandes bateadores.

Poco antes de concluir la etapa clasificatoria del actual campeonato, conversamos con Yosvani, quien dijo a 26: “Creo que lo fundamental es que supe aprovechar la oportunidad que tuve este año de ser regular por primera vez, me preparé bien, entrené con esmero toda la campaña y ahí están los resultados. “Con anterioridad – añade - yo era un jugador de cambio que tenía pocas posibilidades de sustituir a receptores de más experiencia, pero ahora me llegó mi turno”.

Yosvani recuerda con agradecimiento y cariño a su primer entrenador, Abelardo Lozada, allá en su natal barrio de San Antonio, donde comenzó junto a su hermano mayor Yordanis – destacado jugador de cuadro de los últimos equipos de la provincia --, y luego en sus etapas de escolar y juvenil a Aquiles Espinosa y Aldo Tarife, y también a sus actuales preparadores en el equipo grande de Las Tunas. Algunos quizás opinen que resulta un poco temprano para “lanzar campanas al aire”, pero el extraodinario accionar del joven jobabense en la campaña que finaliza, seguramente llamó poderosamente la atención de los directivos y técnicos de la pelota cubana.

Coterráneo por cierto de Ermidelio, Osmani y Henry Urrutia, una familia que ha tejido una bella historia en la pelota cubana, el joven receptor Yosvani Alarcón, de 25 años, parece ser una muy promisoria figura que, en un futuro cercano, pudiera engrosar las filas del prestigioso equipo nacional cubano.

El "bebé" más famoso del mundo

El "bebé" más famoso del mundo

El "bebé" más famoso del mundo

Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, feberero 6 de 2015

   Ni su embarazosa infancia, que incluyó la prematura muerte de sus padres, ni la marcada inclinación en su juventud por los excesos en comidas, bebidas y parrandas, impidieron a George Herman Ruth (conocido mundialmente como Babe Ruth) convertirse, desde la década de los años 20 del pasado siglo hasta nuestros días, en el pelotero más famoso de todos los tiempos.

   George había nacido el 6 de febrero de 1895, hace hoy 120 años, en un barrio de Baltimore, Estados Unidos y, según narran sus biógrafos, sus padres - George y Kate - atendían una taberna y no le prestaban la necesaria atención al pequeño, que en ese ambiente se desarrolló indisciplinado y con hábitos inapropiados para su edad, por lo que cuando contaba con solo siete años fue internado en el reformatorio católico St. Mary’s Industrial School for Boys, donde permaneció durante 12 años.

     Afortunadamente, allí el niño se aficionó por el béisbol y estableció buenas relaciones con el hermano Matthias Boutlier, quien fue capaz de apreciar que pese a su carácter rebelde el pequeño tenía cualidades positivas y lo ayudó a desarrollar sus habilidades innatas para la práctica de este deporte.

    Aunque era zurdo, Ruth jugó en todas las posiciones durante su permanencia en St. Mary, y en todas lo hacía excelentemente. Allí se convirtió en el mejor lanzador del colegio.

  Cuando  contaba con 18 años, ya era halagado en los periódicos y había impresionado tanto a los monjes que en 1914 éstos pidieron a Jack Dunn, dueño del equipo de Grandes Ligas Orioles de Baltimore, que viera jugar a este adolescente. El especialista no necesitó más de una hora para comprobar la inmensa calidad del muchacho y ficharlo para su franquicia.

   Sus compañeros de los Orioles le decían en sus inicios “Jack’s newest babe” (el nuevo bebé de Jack Dunn), debido a que era el más joven, y ese mote de Babe Ruth (Bebé Ruth) se le quedó para el resto de su vida.

    Sin embargo, el comienzo oficial de Babe Ruth en una serie de las Grandes Ligas no fue con los Orioles, pues apenas unos meses después resultó contratado por los Boston Red Sox (Medias Rojas de Boston), equipo en el cual se desempeñó durante seis temporadas (1914-1919) y sobresalió fundamentalmente como un estelarísimo lanzador, aunque también comenzó a tejer su excepcional carrera como bateador y jonronero, por la cual ganó aún más fama que la que ya poseía.

   En la temporada de 1920, Harry Frazee, propietario de los Medias Rojas y productor teatral, ahogado por las deudas, se vio obligado a venderlo a los Yankees de New York, equipo con el que Babe jugó 15 series (hasta 1934), para terminar en la de 1935, ya a punto del retiro, con los Boston Braves.

   En su primer campeonato con los Yankees, en 1920, Ruth revolucionó el béisbol, al imponer el astronómico récord de 54 jonrones, insólito para aquella época, y elevarlo un año después a 59, hasta llegar a 60 de 1927, marca que permaneció imbatible en las Grandes Ligas hasta los 61 logrados por Roger Maris en 1961 (nada menos que 34 años después), récord que luego fuera pulverizado por los 70 de Mark McGwire en 1998 y los colosales 73 de Barry Bonds en 2007.

   Tanta llegó a ser la fama alcanzada por el “Bebé”, que debido a la gran afluencia de público que acudía a verlo jugar, los Yankees de New York se vieron precisados a edificar un nuevo estadio con mucha mayor capacidad, el mítico Yankee Stadium, abierto en 1923, que luego muchos han llamado “La casa que Ruth construyó”·

   Para dar una idea de la grandeza de Ruth, baste resumir diciendo que en las 22 temporadas jugadas promedió al bate para 342, un resultado extraordinario en Grandes Ligas, llegó a poseer durante 34 años el récord de más jonrones en una temporada (60), y aún hoy es el tercero con mayor número de vuelacercas de por vida (714), sólo superado en 1974 por Hank Aaron (755) y en 2007 por Barry Bonds (762), mientras que su marca de slugging (690) se mantiene imbatible hasta nuestros días.

  Víctima del cáncer, Babe Ruth falleció en New York el 16 de agosto de 1948, con 53 años de edad.

  Cuando este 6 de febrero se cumple el aniversario 120 de su natalicio, Babe Ruth, el “bebé” más famoso del mundo, sigue constituyendo un símbolo del béisbol en todo el planeta.    

 


El Barza: una máquina que fabrica fútbol de primerísima calidad

El Barza: una máquina que fabrica fútbol de primerísima calidad

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, nov 29 de 2014)

   Un día como este, 29 de noviembre, pero de 1899, hace hoy 115 años, un grupo de 12 aficionados al fútbol reunidos por el suizo Hans Gamper mediante un anuncio publicado en la revista Los Deportes el 22 de octubre de ese año, fundaron el hoy muy afamado Fútbol Club Barcelona, en la ciudad española de igual nombre.

   Comenzó, a partir de entonces, un galopante camino de éxitos en la historia de el “Barza”, los “Azulgranas”, “Blaugranas” o  “Culés”, como también se le denomina hoy a esta prestigiosa agrupación deportiva ibérica.

   La docena de fundadores de aquella institución deportiva estaba integrada por seis españoles, tres suizos, dos ingleses y un alemán, quienes escogieron como nombre original “Foot-ball Club Barcelona” (en inglés)  y designaron al suizo Walter Wild como primer presidente del club por ser la persona de más edad entre sus creadores.

   Según datos consignados en la enciclopedia digital española (wikipedia.org), ya en su primera década de existencia el Barcelona logró ganar el título en una Copa de España y también en la llamada Copa de los Pirineos, triunfos que comenzaron a incrementarse notablemente entre los años 1910-1920, etapa en la cual el Club dio un gran salto tanto en el aspecto deportivo como en el social, al vencer en dos Copas de España y en tres Copas de los Pirineos, además de llegar a unos tres mil asociados, para convertirse ya en una de las sociedades más populares de toda Cataluña.

   En las décadas subsiguientes y hasta hoy, el “Barza” acopió decenas de títulos en diversas competiciones de la liga española e internacionales.

   Baste decir que han triunfado en 26 Copas de España, 22 Ligas, 11 Supercopas de España, 8 Copas Cataluña, 4 Copas de Europa/Ligas de Campeones, 4 Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes, entre otros muchos lauros que, según los directivos del Club, suman 115 si se incluyen los alcanzados en competiciones de menor nivel.

   Sobresale en la historia de esta agrupación deportiva la gran cantidad de estrellas mundiales del más universal de los deportes que han brillado en sus filas, entre ellos muchos extranjeros, que desde la fundación del Club han tenido una participación protagónica en el equipo.

   Varios historiadores del “Barza” opinan que el húngaro Ladislao Kubala  resultó en la década de 1950 la primera gran figura de talla internacional que jugó en el conjunto barcelonista, pero fue a partir de los años 70, época en que el fútbol español regularizó la participación de jugadores extranjeros, cuando el club empezó a fichar regularmente a futbolistas de primer nivel en el mundo.

   Ello propició que, en diversas etapas, en las filas del Barcelona hayan mostrado su grandeza jugadores de la talla de los brasileños Romario, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, el holandés Johan Cruyff, el búlgaro Hristo Stoichkov, el portugués Luis Figo, el sueco Zlatan Ibrahimovic y el camerunés Samuel Eto’o, por sólo mencionar algunos.

  En los últimos años, desde las filas del Barcelona, ha maravillado al mundo con la magia y efectividad de su juego deslumbrante el genio argentino Lionel Messi, único jugador que ha ganado en cuatro ocasiones el Balón de Oro de la FIFA y, más recientemente, ha comenzado a tejer su promisoria historia el joven astro brasileño Neymar.

  Esta brillante trayectoria de éxitos deportivos colectivos e individuales, que ha tenido sus máximas expresiones en los últimos años tanto en el fútbol español como en las Copas y Supercopas de Europa, Ligas de Campeones y otras competiciones de alto nivel, ha determinado que el equipo azulgrana sea considerado por la mayoría de los especialistas y aficionados al más universal de los deportes como uno de los más grandes clubes del mundo en la actualidad, junto al también ibérico Real Madrid, el alemán Bayer de Múnich, el francés París Saint-Germain y el italiano Juventus, entre otros.

 

 

 

 


Benny: inmarcesible en la memoria musical de su pueblo

Benny: inmarcesible en la memoria musical de su pueblo

Benny: inmarcesible en la memoria musical de su pueblo

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, agosto 24, 2014)

Tuve el privilegio de ver actuar a Benny Moré en agosto de 1962, durante las noches en que amenizó con su banda los carnavales correspondientes a ese año en la ciudad de Puerto Padre.

   Y digo actuar, porque aquel hombre no se dedicaba solo a interpretar de forma inigualable sus famosos sones-montunos o sus antológicos boleros, una guaracha, un mambo, un afro o un guaguancó, entre otros de los ritmos predominantes en aquella época memorable y ojalá no irrepetible de la música cubana.

   Por aquellos días yo recién había cumplido los 12 años, pero ya desde pequeño lo admiraba de manera mayúscula, contagiado indudablemente por la devoción que sentían por su música una de mis tías y varios de mis primos mayores.

   Por ese entonces Benny Moré estaba en el pináculo de su fama y, por supuesto, yo no podía siquiera imaginar que en aquellas inolvidables noches de jolgorio carnavalesco la enfermedad minaba ya su cuerpo y la ineluctable parca lo arrastraría, solo poco más de cinco meses después, hacia la eternidad, con apenas 43 años de edad.

   Como no me separaba nunca de la tarima en que actuó, sí puedo rememorar, pese a los 52 años ya transcurridos desde entonces, la forma extasiada, ensimismada, casi alelada, en que una gran parte de los centenares de personas que se aglomeraban alrededor de aquel escenario dejaban de bailar continuamente como habían hecho con la orquesta local que precedió al Benny, para dedicarse de manera concentrada a deleitarse con su melodiosa voz y ver los movimientos de aquella figura espigada, quijotesca, con un saco más largo de lo habitual, unos pantalones también amplios, un sombrero alón y un pulido bastón.

    Y es que Benny se desenvolvía tan magistralmente en la escena que, al propio tiempo, “envolvía” irremediablemente a la muchedumbre que presenciaba el espectáculo.

   Recuerdo, por ejemplo, que una noche subió al escenario, como hacía a menudo después de que los músicos de su banda se habían acomodado y afinado sus instrumentos. En medio de la ovación del público que anhelaba su aparición, sacó de un bolsillo de su saco un caramelo, le quitó el celofán que lo envolvía y, cuando habían cesado los aplausos y la gente esperaba intrigada lo que ocurriría,  lo lanzó suavemente hacia arriba. En cuanto el caramelo cayó en su boca, la orquesta rompió de forma uniforme e impecable con las notas de su famoso son-montuno “Qué bueno baila usted” ante la reacción enardecida de los asistentes.

   Benny, sin embargo, no era un excéntrico ni, mucho menos, un “payaso” musical. Era, eso sí, un hombre que llevaba la música en la sangre, en el alma, en el corazón, y gustaba de hacer pasar un rato agradable a sus admiradores no solo con su cadenciosa y bien afinada voz y su magnífica banda, sino, también, con sus movimientos en el escenario para dirigir la orquesta, echar un pasillo de baile o hacer girar su inseparable bastón.

   Se acostumbra a mencionar y recordar a Benny Moré como un excelente intérprete de prácticamente todos los ritmos cubanos. Y esa valoración es justa.

   Pero siempre he pensado que lo más extraordinario y asombroso en él fue que logró desarrollar su carrera llena de brillantes éxitos en Cuba y en el extranjero sin realizar jamás estudios musicales, en lo que seguramente influyó o hasta determinó su origen en extremo humilde.

   El caso es que Benny fue un autodidacta nato, genial, dotado de un portentoso “oído musical” que le permitía, con tan solo escuchar tararear algunas notas y la letra de un número, saber si este “pegaría” en el público amante de la música. Ello le posibilitaba aceptar o rechazar casi de inmediato las muchas ofertas que los mejores compositores de la época le hacían para que interpretara sus creaciones, y, en no pocas ocasiones, mejorar notablemente con su musicalidad congénita y su capacidad para la eufonía la composición original.

   Esas aptitudes innatas para la música le propiciaron no solamente convertirse en un cantante excepcional, sino, también, dirigir, empíricamente, a una gran banda de excelentes instrumentistas profesionales y, como si fuera poco, componer formidables sones-montunos como Santa Isabel de Las Lajas, dedicado a su pueblo natal, Cienfuegos o Qué bueno baila usted, o boleros inolvidables y de bellísima factura como Amor sin fe, Dolor y perdón, Mi amor fugaz o Conocí la paz, o mambos como Bonito y sabroso, Locas por el mambo o Ensalada de mambo.

   Benny Moré no era un dios, era un hombre. Como todos los hombres, también tenía defectos y, como todos los hombres talentosos, tuvo y tiene algunos envidiosos y detractores. Pero, ni  los más encarnizados de ellos, se atreven a negar la inconmensurable impronta musical que el Bárbaro del Ritmo legó a su patria y a los pueblos hermanos del continente, donde todavía hoy, a más de cinco décadas de su muerte, se recuerdan, cantan y versionan los números musicales que él interpretó y popularizó de forma inigualable.

   En ocasión de cumplirse este 24 de agosto el aniversario 95 de su natalicio, me atrevo a afirmar que, por ese legado y porque brilló con luz propia e inextinguible,  Benny Moré permanece y permanecerá  inmarcesible en la historia musical de su pueblo.

 

 

 

Estadísticas del béisbol: "frías", pero imparciales

Estadísticas del béisbol: "frías", pero imparciales

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu, noviembre 15 de 2011)

   Es indudable que resultan muy difíciles y subjetivas las comparaciones entre peloteros, fundamentalmente cuando se trata de hombres que jugaron en diferentes etapas, con distintas pelotas o bates, estrategias de juego y condiciones en general, elementos que, sin embargo, se esgrimen a menudo para ensalzar o demeritar la labor de determinado jugador.

   Pero, ante esa disyuntiva, no queda otra alternativa que recurrir a las estadísticas, a los llamados “numeritos”, que aunque son calificados por muchos de “fríos”, constituyen el elemento más “objetivo” a la hora de analizar el historial de cualquier atleta.

   Cuando revisamos las estadísticas que nos proporciona la excelente Guía Oficial de Béisbol en Cuba, podemos encontrar revelaciones inesperadas y casos muy curiosos.

   Por ejemplo, si usted le pregunta a varios seguidores del deporte nacional a quién considera mejor bateador entre Agustín Marquetti y Ermidelio Urrutia, seguramente la mayoría se inclinará por el afamado integrante de los conjuntos de La Habana, que llegó a ocupar el cuarto turno en la alineación del equipo Cuba y decidió partidos memorables tanto con su equipo Industriales como con la Selección nacional.

   Sin embargo, los numeritos, con su “frialdad”, están totalmente a favor del poco fornido jardinero de Las Tunas, quien pese a jugar en sólo 16 series nacionales, seis menos que el inicialista habanero (22), y tener cerca de mil 600 veces al bate menos, lo superó de por vida en cuadrangulares (221 Urrutia y 207 Marquetti), triples (38-31), slugging (506-431) y average (310-288).

   Otro caso llamativo es el de los no menos estelares Germán Mesa y Eduardo Paret, cuya comparación resulta más “objetiva”, porque ambos se desempeñaron como torpederos.

   La mayoría reconoce que Paret fue superior a Mesa como bateador, con average de 292 en 21 series, por 285 Germán en 16 campañas, además de que el villaclareño, primer bate del “Cuba” en varios eventos internacionales, también rindió en esa función y llegó, incluso, a ser líder de los bateadores en un Campeonato Mundial.

   Pero lo más significativo es que, pese a la estelaridad defensiva de Germán, reconocida por todos, Paret también evidenció un accionar más eficiente en este esencial factor del juego, pues cometió de por vida sólo 260 errores en más de nueve mil 100 lances, con un average formidable para un torpedero de larga trayectoria (972), mientras el capitalino pifió en 247 ocasiones en seis mil 805 lances, para 964, también bueno para un short stop, pero inferior al logrado por el del centro del país.

   Hay otros muchos ejemplos de este tipo, que incluyen a jardineros, receptores o lanzadores, pero consideramos que estos dos casos son bastante ilustrativos, y demuestran lo reveladoras que son las estadísticas.

   Lo que resulta incuestionable es que no sólo la oportunidad o la espectacularidad a la hora de decidir un juego con un batazo o realizar fildeos de leyenda, o el carisma personal -que junto a la calidad del jugador es innegablemente un factor que contribuye mucho a ganar las simpatías de la afición y la promoción de los medios de prensa-, determinan la calidad que, durante toda su carrera deportiva, demuestra un pelotero.

   Las estadísticas podrán ser “frías”, pero también son un buen medidor y, sobre todo, imparciales.

Entre los "cuatro grandes" de la pelota cubana, Pinar es el más espigado

Entre los "cuatro grandes" de la pelota cubana, Pinar es el más espigado

(Publicado por Hernán Bosch en tiempo21.cu y beisbolencuba.com, abril 19, 2014)

 Desde que existen equipos representativos de todas las provincias...

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   La gran variedad de estructuras que han tenido desde sus inicios en 1962 las 53 series nacionales de béisbol desarrolladas hasta ahora en Cuba, dificultan los análisis de los récords tanto individuales como colectivos y cualquier comparación estadística que pretenda realizarse en torno a los resultados de estas campañas beisboleras, convertidas desde su comienzo en el principal pasatiempo de los cubanos, por la gran cantidad de apasionados aficionados que acuden a los estadios o siguen los juegos por la televisión y la radio.

   Baste decir que los cuatro primeros de estos campeonatos, efectuados entre los años 1962 y 1965 se jugaron con la participación de sólo cuatro equipos, luego hubo una breve etapa de dos series en las que tomaron parte seis conjuntos, para continuar con cinco temporadas de 12 selecciones y otras cinco con 14 novenas que se extendieron hasta la serie número 16, iniciada en 1976, año en el cual se adoptó la División Político-Administrativa del país, que transformó las antiguas seis provincias cubanas en 14 territorios con esa categoría.       

   Fue a partir de esa trascendental transformación en la división geográfica de la nación, que comenzó una etapa en la cual cada una de esas nuevas provincias contaba con, al menos, un equipo representativo, excepto Ciudad de La Habana (la capital), Pinar del Río y Matanzas, que eran representadas por dos selecciones.

   Se inició, entonces, un período comprendido entre 1977 y 1991, en el que se efectuaron 15 series nacionales con 18 equipos, pues a los 17 provinciales se sumaba el del municipio especial Isla de la Juventud.

  A partir del campeonato número 32 (1992-93), Pinar y Matanzas ya no contaron más con dos selecciones y jugaron con un solo conjunto, por lo que el total de equipos participantes se redujo a los 16 que se han mantenido en los últimos 22 torneos, con la excepción de la campaña 51, en la que se cometió el absurdo de incluir 17, error que afortunadamente se enmendó apenas un año después.

   Esta detallada explicación, seguramente tediosa para los especialistas del béisbol que peinan canas como yo, resulta, sin embargo, necesaria para que los más jóvenes comprendan el tema que abordaremos en este comentario y “refrescar la memoria” a quienes, conociéndola, pretenden obviar esa realidad.  

  Aficionados, peloteros, directivos del béisbol y no pocos comentaristas deportivos de la prensa nacional, han repetido y repiten hasta la saciedad que Industriales es “el equipo más ganador” en nuestras series nacionales de béisbol, cosa que es una verdad relativa.

   Y es una verdad relativa porque hay que tener presente algo que apenas se menciona cuando se destacan los éxitos del formidable conjunto azul de la capital, cuyos méritos deportivos nadie pone en duda. Lo que no pocos ponemos en duda es la validez del factor comparativo que esa afirmación, sin especificaciones, implica. 

   Hay que tener en cuenta que, entre las decenas de conjuntos que con distintos nombres han participado en las 53 ediciones de estos torneos nacionales, Industriales es el único que ha estado presente en 52 de las 53 series. Ello implica que ha jugado 15 series más que los demás conjuntos provinciales, que comenzaron su participación como tales en la serie número 17, transcurrida entre los años 1977-78.

    A esta ventaja se une el hecho de representar a la capital del país, con más de dos millones de habitantes, el doble de los que tienen las otras dos únicas provincias cubanas que superan el millón, Santiago de Cuba y Holguín, lo que constituye una ventaja adicional.

   No puede repetirse hasta el cansancio que Industriales es el equipo “más ganador”, el de “mayor cantidad de títulos”, “el multicampeón”, así, sin especificar nada, porque de esa forma se compara con equipos que han jugado menos series y se desvirtúa con la repetición una realidad que desconocen sobre todo los jóvenes.

   Industriales ha sido y es, sin discusión, un gran conjunto, un equipo histórico en nuestras series nacionales de béisbol. Pero, por favor, hasta ahí. Cuando se proclama que es el que más título ha ganado, hay que especificar que lo ha hecho en 52 series, en lugar de las 37 que han jugado los demás.

   Hay que tomar en cuenta, además, que los primeros tres campeonatos que obtuvo la selección capitalina los ganó cuando sólo participaban cuatro equipos (1962-64), logró un triunfo más cuando había seis (1965) y otro en una campaña de 14 (1972).

   A partir de que se compite en igualdad de condiciones, cuando todas las provincias tienen representación, es decir, en las últimas 37 campañas, desde la 17 a la recién finalizada 53, con la participación de 18 y 16 equipos, los resultados son los siguientes:

n  Pinar del Río ha ganado 10 títulos, seis con el nombre de Vegueros y cuatro con el nombre de su provincia

n  Santiago de Cuba ha obtenido ocho títulos, siempre con el nombre de su provincia

n  Industriales ha logrado siete títulos, siempre con ese nombre.

n  Villa Clara acumula cinco títulos, siempre con ese nombre.

   En esta etapa, Matanzas suma tres títulos, dos como Henequeneros y uno como Citricultores.

   Sancti Spíritus, Holguín, La Habana y Ciego de Ávila, merecieron un título per cápita.

   Resulta evidente que, cuando la comparación se establece en igualdad de condiciones, Pinar del Río es el más espigado entre los “grandes” de la pelota cubana.